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Artículos

Esfuerzo y sacrificio
Por Frank Correa
21 de junio de 2012


En lo último del callejón de Jaimanitas, junto al río, un vecino de apellido Albear ha construido el patio más grande y productivo de la región. Cuenta, que le ha tomado 18 años realizar esta hazaña, de rellenar con piedra y tierra media caballería de pantano.

Calcula que en este lapso de tiempo, por los menos tres mil viajes de camiones han descargado su contenido sobre la marisma que circundaba la ribera izquierda del río, y hoy es un enorme patio, sumamente productivo, que lo provee de lo necesario para vivir.

Albear es un hombre emprendedor, emigrado del oriente del país, que levantó una vivienda en la zona más deshabitada de Jaimanitas, a la orilla del río, y un día lo asaltó la idea de ensanchar el patio, rellenando con escombros, piedra y tierra la marisma circundante, que estaba infestada de mosquitos y alimañas, además, para detener de esa forma las constantes crecidas del río en época de lluvia.

Primero cortó los mangles, que en esa zona crecen como árboles enormes, y construyó un horno de carbón, que reportó ganancias suficientes para solventar la primera etapa de su proyecto: la construcción de un muro de contención que demarcara la ribera del río. A continuación rellenó el primer pedazo del patio y construyó corrales para la crianza de puercos, que aumentó su liquidez para continuar ganándole espacio al pantano.

Después comenzó a comprar tierra vegetal y ha cultivar plátanos, naranjas, limones, guayabas, frutabombas, mangos, guanábanas, aguacate, yuca, apio, orégano, col y lechuga, que le dieron poder adquisitivo para comprar más escombros, piedras, tierra. Dice que un elemento crucial en el éxito de su patio, radica en apisonar correctamente el suelo y lograr compactación, así evita los corrimientos.

También cultiva plantas ornamentales y exóticas, que vende junto al carbón, las viandas, las frutas, los vegetales y los puercos. Tiene además crianzas de gallinas, patos y conejos, pero son para el consumo familiar. Recientemente fue visitado por inspectores del gobierno, que le notificaron estarle robando espacio al río. Albear los llevó hasta la orilla y le mostró el muro. Les dijo que el río siempre ha tenido esa orilla, que era el río el que robaba espacio con las crecidas, que arrastraban mucha basura hasta el callejón. Con su patio había eliminado buena cantidad de insectos y roedores, una plaga en la zona.

Los inspectores insistieron en la notificación de denuncia y la posible confiscación de su patio, pero Albear les señaló la ribera opuesta, donde en una inmensa finca, perteneciente a Raúl Castro, se veía una brigada de hombres trabajando en las crianzas de animales y en los cultivos de viandas, frutas y vegetales, muy superiores a su patio.

--Busquen allí, si pueden --les dijo -, y no molesten más a los pobres hombres, que trabajaban y viven del esfuerzo y el sacrificio personal.