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Artículos

Luchando por un teléfono
Por Frank Correa
4 de junio de 2012


LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -Hace varios años,  la empresa de comunicaciones ETECSA realizó en Jaimanitas una significativa inversión  de recursos técnicos y personal calificado, que trabajó durante semanas en la instauración de la infraestructura para posibilitar la instalación de líneas de teléfono fijo a la población.

En aquella ocasión las planillas se repartieron en el  Consejo Popular y debían  llenarlas los solicitantes, acompañados de avales firmados por militantes del partido comunista, certificando la integración revolucionaria del interesado. La anuencia del presidente del Comité de Defensa de la Revolución  de la cuadra  finalmente decidía  que vecino  podía acceder al servicio.

Más de trescientos postes telefónicos y miles de metros de cables se desplegaron  por todo  el pueblo. Las expectativas por conocer los  beneficiados colmaron las viviendas durante muchos días, al final del proceso, cuando se  colocó el listado de aprobados  en la pared de la bodega,   gritos de alegría y dolor se mezclaron durante  toda una semana con la algarabía habitual  de  bodegueros y  clientes.

Los beneficiados con el teléfono,  muy contentos, llamaban a  familiares y amigos para darles  la gran noticia, o  se llamaban entre ellos mismos,   los rechazados  redactaron  cartas de reclamación a la  administración municipal y provincial del Poder Popular,  a la dirección de ETECSA,  al Partido Comunista, a la Asamblea Nacional del Poder Popular,  o al  presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Las capacidades técnicas de la infraestructura sobrepasaban por mucho el número de teléfonos instalados. Los jaimanitenses vivieron durante años con la ilusión de una segunda vuelta de asignación de teléfonos,  hasta que hace unos días, se anunció   en las Asambleas  de rendición de cuentas del Delegado del Poder Popular a los electores, que  se  instalarían 50 teléfonos más, y se orientaron  los pasos a seguir para aspirar al servicio, que eran los mismos que la vez anterior: dos avales de militantes del partido comunista y  la aprobación del presidente del Comité de Defensa de la Revolución.

El número de solicitantes duplicó la  cifra anterior. La expectación rozó  límites irracionales. Militantes del partido y  presidentes de los CDR,  fueron nuevamente el centro de súplicas, sobornos y dádivas por  vecinos desesperados.  Cuando al fin pegaron en la pared de la bodega  la lista de beneficiados,   los chillidos de júbilo y voces de  lamentos  volvieron a  confundirse  con  la bulla de  clientes y bodegueros.

Llovió  otra vez  hacia el Poder Popular, el Partido Comunista,  la Asamblea Nacional y el Consejo de Estado y de Ministros,  misivas de reclamaciones por  injusticias cometidas y prebendas otorgadas  a personas con menos historial y requisitos que algunos  impugnados. Quedó otra vez demostrado que hasta algo tan viejo y accesible para el resto de los mortales, como un simple teléfono, en Cuba se condiciona y manipula por el poderío comunista,  para conseguir más control y dependencia del ciudadano.