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Artículos

Un singular mural de la fama
Por Frank Correa
15 de mayo de 2012


En la calle Tercera entre 242 y  Río, en Jaimanitas, existe un singular mural de la fama, que elaboró   Emilito cuchillo antes de emigrar para Estados Unidos por  el Programa de Refugiados,  y  es la  constancia histórica de los más grandes artistas del arte de pesca.

El mural está erigido  sobre la pared de su  antigua vivienda,   enfrente  a la  que fue la  cooperativa de pescadores. Sobre  cemento recién salpicado  Emilito cuchillo  grabó los nombres más ilustres,  por orden de jerarquía marina: Atila, Pejediente, Yordi, Catala, Cristo, Cuco, Pancho, Rey, Bobi, Yuyi, Piloto, Pirito, Alberto, Mario, Roque, Chino, Bajo, Francisco, Cuchillo,  Emeterio, Negro, Chepe, Eleno, Socarrás, Pineo, Tata, Ronco, Linares, Sabrosita, Bayoya, Julio, México,  Cucho, Marisela, Gisel, Jorge, Papo,  Abeto y Miquito.

Fue una selección rigurosa, bajo  la anuencia de  Atila y  Pejediente,  que señalaron  a los más ilustres que debían aparecer reflejados, incluidas  dos mujeres que por sus habilidades  y proezas se adjudicaron  un sitio en la  pared, un privilegio que hoy es envidia de los jóvenes pescadores,  que libran sus  hazañas diarias en los frágiles botes de corchos en estos arremolinados  tiempos.

Antes de  1959 Jaimanitas era  famosa por sus pescadores. En 1954 un equipo compuesto por cuatro jaimanitenses  ganó el campeonato mundial de pesca submarina y un año después Atila enganchó  por la popa de su barco el pez dama más  grande del que se tengan  noticias. Había mucha vida en toda la franja costera  desde Mañanima hasta el río.  La cantidad de  yates y botes  que existían casi no cabían en los atracaderos. Los torneos de  la pesca de la aguja Ernest  Hemingway  eran ganados continuamente por  naturales del pueblo. 

Con el triunfo de la revolución y las leyes de intervenciones despareció todo el comercio de la costa,  y agruparon a los pescadores en una cooperativa. No se pudo sostener  más el mantenimiento adecuado  de las naves. Muchas tuvieron que carenar en el pequeño varadero enclavado en la ribera del río y  casi todas se pudrieron allí,  bajo el sol, la lluvia y la indolencia. También muchos botes fueron utilizados para emigrar de forma clandestinas del país. Las nuevas leyes prohibían adquirir, vender o fabricar  embarcaciones de cualquier calado. Se reguló el permiso de salir  al mar, que se volvió selectivo y condicionado. Escasearon los medios de trabajo y el combustible. La cooperativa cerró. Los mejores pescadores envejecieron dedicándose a otras tareas,  una buena parte murió en el olvido.

En el año 2006  Emilito cuchillo  dejó constancia de estos hombres en una pared que todos conocen como  el mural de la fama. Aparecen además de los treinta nombres,  un dibujo de un barco en marcha y un pescador timoneando y atendiendo el cordel,  y otro dibujo del cayito con  el faro de Jaimanitas. Sobre relieve hay  una aguja de abanico, un tiburón blanco, un escudo compuesto por un cocotero y  dos botes  en el mar y   un pulpo con conchas en  las patas,  obras  realizadas  por los mismos pescadores,  que aportaron  al mural además de sus hazañas,  su naturaleza artística, un regalo para la historiografía de la cultural particular de este pueblo costero del noroeste de La Habana.