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Artículos

Pintores autóctonos
Por Frank Correa
12 de abril de 2012


LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Tres  pintores autóctonos se reunieron  en  una exposición en la Casa de la Cultura de Jaimanitas este fin de semana y  confirmaron que lo real maravilloso seha convertido en parte de la cotideanidad del artista, y toda la población, en Cuba.

José Díaz Santacruz,  Antonio Calzada y  Juan de Dios Elybardi, mostraron sus  cuadros confeccionados  con materiales disímiles y  narraron a los asistentes a la muestra los múltiples y variados  escollos que tienen que salvar a diario para mantener su arte vivo; todo un muestrario de cómo viven estos artistas.

Casa de la Cultura de Jaimanitas

José Díaz Santacruz  además de sus  cuadros, pinta casas, autos, refrigeradores y  también  anuncios  para  negocios particulares, actividad que le proporciona dinero para comer, pues le resulta muy difícil vender los cuadros.  Su obra es sombría, pero no porque ese sea su estado de ánimo. Debido a  la carencia de pinturas de oleo de diferentes colores, se limita a usar en su obra solo dos colores:  el ocre y el gris;  como resultado  en sus obras predominan la aprehensión y   la nostalgia, incluso en sus  agujas y albacoras, que tienen mucha aceptación entre los habitantes de este poblado costero. Sus peces desbordan un marcado   sentimiento de frustración,  que es su sello distintivo.

Antonio Calzada, el pintor de Romerillo, confecciona sus pinceles con pelos de caballo y  derrite plomo que mezcla con cenizas de zinc para lograr los tonos, arma sus bastidores con las astas de  las banderas que recoge en las calles después de los desfiles politicos. Era la primera que exponía en una Casa de la Cultura, dice que le resulta muy difícil vender un cuadro,  porque solo los pintores reconocidos tienen acceso al mercado. Confiesa que en Cuba es muy difícil vivir de la pintura y  que no sabe hacer otra cosa.

Juan de Dios Elybardi es natural de Camagüey, pero vive en  Mariel. Sobrevive cambiando sus cuadros por comida.  Se traslada  hasta  los campos más  intrincados de Pinar del Río con sus pinturas y allá  cambia  sus marinas por quesos,  sus naturalezas muertas por arroz, sus monalisas por malanga y plátanos. A falta de tela, pinte sobre  cartón tabla, que según él resulta un magnífico sustituto. Lo major es que descubrió que lijando el reverso puede  pintar por ambos lados del carton  y  recaudar más comida con sus “cuadros reversible”. Cuenta que en su último viaje  a Remates de Guanes regresó  bien surtido.  Canjeó uno de sus cuadros reversibles, que por un lado era un frutero -ideal para  colgar en la cocina o el comedor-  y por detrás era un paisaje rural, por medio saco de arroz. Por una marina de un crepúsculo en el mar que  por el otro lado tenía un cielo con una rotura  por donde se asomaba el rostro de Dios regañando  al mundo,  le dieron un puerquito recién nacido.