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Artículos

Estafas de sobrevida
Por Frank Correa
6 de febrero de 2012


El cubano ha perfeccionado la estafa como medio de sobrevida. Se conocen varios hechos recientes ocurridos en La Habana que lo corroboran. Los afectados no acudieron a la policía porque también estaban inmersos en delitos. Los sucesos quedaron solo para enriquecer el imaginario popular.

Uno de los hechos se refiere a una estafa realizada por dos mujeres del barrio Romerillo a un hombre en la calle Infanta, que se dedicaba a comprar dólares de manera clandestina. La autora intelectual del timo, a la que apodan empella, confesó que ese día estaba al borde del suicidio por la vida desgraciada que llevaba y agobiada de deudas, dice que jamás había pensado cometer un delito, pero un día en que estaba de visita en casa de la superabuela, vio pegado en la pared de adorno un billete de cien dólares casi original, que la tentó. Se lo pidió a la superabuela para efectuar un fraude y a cambio le daría una parte si lograba salir airosa.

Cuenta empella que se vistió con sus mejores ropas, se enmascaró tras unas gafas de sol y se fue a la parada del ómnibus, a suerte y verdad. Allí se encontró a su amiga Cuca, otra reventada social que andaba en las mismas y que se entusiasmó con el billete y la posibilidad de buscarse en una hora lo que se ganaba en un mes de trabajo. Cuca le pidió a empella que la dejara hacerle la pala en la estafa. Conocía en Infanta a un comprador de dólares que para pasarle gato por liebre resultaba perfecto.

El plan que trazaron fue sencillo: empella se haría pasar por una extranjera y Cuca se encargaría del resto. Todo salió cómo lo planearon. Encontraron al comprador de dólares apostado en un zaguán, Cuca dijo que empella era una turista que no hablaba español y quería cambiar cien dólares, pero veía tantos policías en torno a una iglesia tomada por fanáticos que tenía miedo. El hombre las condujo dentro del zaguán. Orientó el billete hacia la luz y dijo que era bueno. Pagó los noventa cuc según el cambio oficial y empella se marchó por Infanta mientras Cuca tomaba Carlos III y se reencontraban en el parque Trillo. Empella le dio lo convenido a Cuca, veinte cuc y acordaron decirle a la superabuela que el billete lo habían perdido en la calle Monte, cuando tuvieron que salir corriendo al descubrirse que era un billete falso.

Otra estafa de sobrevida ocurrió en La Lisa recientemente, en la calle 8, que bordea el río Quibú y constituye una zona profusa de delitos. Dos amigos llegaron a casa de un tercero y lo despertaron a media noche para darle la noticia que habían salido sus números jugados en candado esa tarde en la bolita.

--Eres rico --le dijeron --. Hay que celebrarlo.

Con el dinero que el hombre tenía guardado compraron una caja de cerveza y dos botellas de ron y comenzaron a festejar por anticipado. Lo embullaron a matar el puerco que criaba en el patio, porque le dijeron que con el dinero del premio podría comprarse otro puerco más grande. Frieron carne y bebieron hasta que amaneció y fue cuando los amigos se marcharon. El hombre fue a casa del banquero a cobrar el premio y recibió un chasco. Contó la historia de la rumbantela anticipada y cómo sus amigos andaban ahora evaporados y todo el que escuchó la historia le dijo lo mismo: que lo habían estafado a la cara.