Rivalidad marina

Por Frank Correa

Joaquinito  Bustamante, el buzo insignia de la  familia ¨Los Bustamante¨,  de Jaimanitas,  quiere develar el nuevo acontecimiento que se vive en el pueblo, ¨la rivalidad de los buzos¨,  que está ocurriendo dentro  del gremio de pescadores, corcheros, calandraqueros y buzos, compuestos por decenas de padres de familia de este pueblo costero del noroeste de La Habana.

Joaquinito bucea, pesca y saca calandraca del fondo del mar, auxiliado de su viejo traje isotérmico, la careta, el snorker  y  las patas de ranas, que él llama cariñosamente sus ¨aletas¨, enviadas desde Miami por su primo Roly, un  joven  también calandraquero  que logró salir del país por reunificación familiar en el 2009 y no se olvidó de la necesidad de Joaquinito de un buen par de ¨aletas¨,  que utiliza para buscar prendas y dinero que por descuido pierden los bañistas, sacar calandraca para vender  para carnada,  coger  pulpos, cobos,  mojarras y rabirrubias.

–Es  el recrudecimiento de la crisis –dice Joaquinito, al que le gusta aportar datos informativos para mi trabajo periodístico –. Está golpeando  hoy más fuerte  que nunca a  los  pobres  padres de familias que viven de su trabajo.  La  necesidad ha desatado esta rivalidad entre los buzos.   Ya no es  solo la disputa por el mar, ahora están  doblando turnos. El buceo antes  era un negocio de familia, ¨Los Bustamante¨,  ¨Los Pejedientes¨, ¨Los Mallorquines¨,  eso se acabó.  Hay una lucha sin cuartel.  Primero  nos  repartimos el mar, imaginariamente, claro, por pedazos,  cada uno tenía su zona de buceo y de pesca. Si se violaba el acuerdo   y un buzo entraba en territorio  de otro  había problemas.  Ahora el problema consiste en están  comprado linternas led, que alumbran debajo del agua,  y ya se perdió  el  control. Es una locura.

Salía de la tienda  en aquel momento, con un pomo  de aceite en una mano y  una lata de tomate en la otra.  Levantó el pomo de aceite y me dijo que  le significaron  ocho kilómetros de buceo. La lata de tomate  tres, según sus cálculos.  Como estaba anocheciendo miró la luna y calculó la marea y  dedujo cómo estaría la dirección de la corriente,  del este hacia el río, con poca revoltura en el fondo que ayudaba en el trabajo.  Dijo  con cierta satisfacción  que ya tenía una  linterna let y  se iba a preparar  para ¨doblar el turno¨. Esa mañana había hecho ciento cuarenta pesos de calandraca, pero se le había ido todo en la tienda,  y no le quedó ni para cigarros.

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Una norma que el Estado debe revisar

Frank Correa, Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos, Delegado de La Habana

La Empresa de Manufacturación y Distribución de Gas en Cuba, debería rediseñar los ciclos de entregas y cambios de balitas por usuario,  pues la norma establecida  se ha convertido  en anacrónica, debido a la gran cantidad de agua que hay que hervir ahora en las casas, productos a las  múltiples epidemias  que golpean actualmente a la población.

El expendio de gas a la población vino a sustituir a cientos de miles de cocinas de  keroseno,  que mediante las tradicionales  cocinas Pike, o  las inventadas  por la gente,  durante décadas fueron el sostén de la cocina cubana. La nueva cocina de balita, eliminaba el keroseno, tan  perjudicial para la salud,  pero lo principal, el estado se ahorra  mucho combustible, de  la tortuosa  distribución mensual de las pipas de alcohol y keroseno,  repartidos  por las bodegas del  pais,  para suplir la ración de los consumidores según la cartilla de racionamiento.

Con la llegada de la balita  de gas a la vivienda, una por núcleo familiar,  tras un contrato de la empresa del gas  con el  propietario del inmueble,  se saneó el ambiente y se  mejoró  la  capacidad de cocción.    Un   grupo de expertos, bajo las órdenes personales del  propio  comandante en jefe,  dedujo los días que debía durar una balita hasta el próximo cambio,  teniendo en cuenta la composición del núcleo familiar,  con lo que se cocinaba.

Por esos días se hicieron famosos los potajes de frijol negro y frijol  colorado,  explicados en la televisión por la más alta instancia del gobierno, el tiempo de ablandado, el punto exacto para bajar los frijoles y el arroz de la hornilla.   Hasta hoy esa norma se mantiene vigente,   norma que se instauró con fallas de origen,  porque en ella se contaba  que   la revolución energética  llevaría a todas las casas una olla arrocera, una  olla reina y una hornilla eléctrica,  un plan que nadie sabe por qué se quedó a mitad de camino,  perjudicando grandemente la norma,  es decir a los ciudadanos, al tener que realizar toda la cocción  solo con la balita de gas, es por eso que hoy el gas no  alcanza.

Debemos adicionar otro enemigo contra  esta norma analizada,  ahora hay que hervir el agua todos los días, una medida orientada por el ministerio   de Salud Pública de obligatorio cumplimiento, ante las epidemias aparecidas en Cuba en los últimos años y  que han comenzado a cobrar vidas humanas. Esa agua hervida diariamente, que no se incluyó en la norma original,  son horas de gas gastado.

Recientemente se alivió este problema, con un nuevo contrato usuario-empresa, donde entonces se podía tener dos balitas, pero el precio a pagar es muy alto, quinientos pesos, el salario de un mes de trabajo, imposible para muchas familias.

Hoy en la Cuba profunda a casi nadie le alcanza el gas. La gente  resuelve prestándose las balitas entre vecinos, o pasando buchitos de gas de una balita a otra a través de una manguera,  muchas veces de confección casera, método que ha producido innumerables accidentes.

Reelaborar esa norma y asegurarle el combustible justo a las familias, es un deber inmediato de las autoridades cubanas para evitarle dolores de cabezas, subidas de presión, infartos. Y para no ver más  a los padres de familias corriendo por las calles cuando se les acaba el gas, con la balita  a cuesta,  gastando los mejores años de sus vidas buscando la manera de encender el fogón, después de una jornada de trabajo que consistió mayoritariamente en conseguir los alimentos que cocinar.

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Donde a cualquiera no lo mata un rayo

por Frank Correa

Según un reciente reporte de la BBC, Cuba es el país de América Latina donde más personas mueren víctimas de los rayos por cada millón de habitantes.

Los datos que mostraron demuestran que las muertes por rayos son más comunes en América Latina que en los países desarrollados,  como Estados Unidos y Europa, que también registran una gran cantidad de descargas eléctricas o fulguraciones, nombre como se le conoce en el lenguaje científico.

En los meses de verano en Cuba,  debiera  arreciarse  una  fuerte campaña de alerta, para evitar que las fulguraciones cobren tantas vidas, el promedio  histórico es de 65 fallecidos, encabezando la lista de  mortalidad por causas naturales.

Por ser los meses de verano tan extremadamente calurosos  en el trópico, las llamadas tormentas eléctricas son fenómenos meteorológicos recurrentes. Los meses de agosto  y septiembre,  son los de  mayores incidencias eléctricas sobre la tierra.  Un fenómeno físico que parte de la conjunción de  la  alta temperatura  del aire con   la humedad de la zona,  donde se crea una corriente de aire convectiva que  arrastra con ella a los aerosoles,   creándose una nube de gran desarrollo vertical,  definida como cumulonimbo, una suerte de caldo  de cultivo para las formación de rayos.

Según datos aportados por el Instituto de Meteorología,  que muchas veces acierta en sus pronósticos de ocurrencia de tormentas eléctricas,  las localidades de mayor ocurrencias de caídas de rayos son,  Bahía Honda, Jagüey Grande , Santiago de las Vegas,  Indio Hatuey  y Tapaste,  aunque en casi todos los  pueblos del interior y de la capital se pueden contar  historias de muertes por descargas de rayos.

Recientemente se reportaron dos casos de muertos en Santa Fe, dos niños que jugaban futbol en la calle 296, frente a la funeraria,  y anteriormente  el Denis, natural de Jaimanitas, había muerto también jugando futbol con un grupo de amigos,  en el Centro Deportivo Eduardo Saborit, antiguo cinódromo de Playa,  lugar donde no existía protección de pararrayos.

Se conoce que muy pocas personas sobreviven a una descarga eléctrica. Las secuelas en los que sobreviven son, quemaduras externas, incapacidad para relacionarse, irritabilidad, pérdida del temperamento y espasmos musculares.

Existen muchos consejos para lidiar contra los rayos, desconectar los aparatos electrodomésticos y  las antenas  del televisor,  aislarse sentándose en una silla que no sea de metal, apoyando los  pies en una mesa de madera.Si se está en espacios abiertos, retirarse  de todo lugar alto y   refugiarse en zonas bajas no propensas a inundarse o recibir avenidas de agua,  nunca debe comerse en medio de una tormenta y menos con la ropa mojada,  deshacerse de todo material  metálico,  no guarecerse   debajo de un árbol,  una roca, o elementos prominentemente solitarios,  su humedad y verticalidad aumentan la intensidad del campo eléctrico.  Y sobre todo,  alejarse de embalses de agua, como el mar,  lagunas,  presas,  piscinas.

Si se nota un cosquilleo en el cuerpo, se nos eriza el cabello, o vemos brillar y echar chispas un objeto de metal, hay que echarse al suelo inmediatamente, porque la descarga de un rayo es inminente.

La posición recomendada  es colocarse quieto, de cuchillas, lo más agachado posible, ya que se aísla bastante  al no sobresalir demasiado del terreno, tocando el suelo solo con el calzado, que según su material nos aísla  del suelo.

Pero la mayor causa de las muertes  por  rayos en Cuba, es la falta de una correcta infraestructura de protección contra los rayos.  Sobre todos en las zonas menos favorecidas económicamente, donde los ciudadanos están expuestos además de la carestía de la vida, los altos precios y la indefensión ciudadana ante las leyes y la institucionalidad socialista,  también a las continuas caídas de rayos, donde  mueren   montones fulminados, desprotegidos  ante  la ineptitud y la indolencia de los cuadros de dirección del estado, que la mayor parte del tiempo están en las nubes, paradójicamente libres de las susodichas fulguraciones asesinas.

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Actividad del cierre del verano en Playa

El día 28 de agosto en hora de la mañana, se efectuó la actividad del cierre del verano  del municipio habanero de Playa, en el Círculo Social Obrero Marcelo Salado, con una presentación cultural del grupo La colmenita de Romerillo, donde participaron cuatro niños del Proyecto Cultural Rescate de los valores autóctonos.

Actividad de los niñosActividad con niños de la comunidad

Uno de los mayores logros de este proyecto comunitario ha sido,   que ha logrado insertar en la cultura de la región  a artistas olvidados que vegetan en sus casas y no son atendidos por el sistema nacional de Casas de Cultura.

Niño del proyecto cantando

En esta ocasión cuatro niños que integran la cantera del  proyecto, hijos de artistas plásticos y de grupos musicales, se integraron a la actividad cultural que puso fin al periodo vacacional.

Coreografía

Un  solista y  tres bailarines  participantes en los coros  y en las  coreografías artísticas preparadas por los especialistas de la Casas de Cultura de Romerillo,  fue  nuestro modesto aporte,  en una actividad cultural que contó con un público compuesto por un centenar de personas, entre invitados  del municipio y bañistas de las empresas de Industria Ligera,   socios de este  Círculo Social enclavado en Jaimanitas.

Vista desde el público

Coreografías, canciones tradicionales de Cuba y países de hermanos de Latinoamérica,  y también  juegos de participación con los niños, convirtieron en una fiesta esta actividad del cierre del verano.

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Ley para la policía

Frank Correa

Recientemente participé en un curso sobre Procedimiento penal,  impartido por el doctor Wilfredo Vallín   a miembros de la sociedad civil,  donde   conocimos  qué   estipula   la ley   y  cómo debe actuar la policía,   cuando realizan detenciones, registros a vivienda, incautaciones o encarcelamientos.

Cada uno de los presentes,    contamos   alguna experiencia personal  sobre    mala  actuación  de la policía. El doctor Vallín  nos explicaba    en cada caso,  qué tipo de   violación  de la ley   había sido  cometido  por los agentes.  Al final llegamos a la conclusión,  que  es   el desconocimiento de los derechos  ciudadanos  la primera causa que  propicia  estos  delitos.

Supimos  que para un registro  a  una vivienda,  se necesita una orden firmada por un fiscal  y la presencia de dos testigos. En  la orden de registro debe  aparecer  consignado el “objeto preciso”  que se   busca.  Y   no se pueden   incautar otros bienes   que no  sea ese  “objeto preciso”.  Además,   todo lo incautado  debe  figurar  en una lista,  y una  copia  entregada al afectado. Y   las confiscaciones deben presentarse   en  un  juicio,  que de suspenderse deben  ser  retribuidas.

Hubo una lluvia de ejemplos  de violaciones de esta ley.  Como  de  otra que explicó el doctor Vallín: En la calle solo puede detenerte un policía, nunca   un agente vestido de civil. Y  un  policía,   para  efectuar un  registro,  tiene que  presentar  la orden,  de lo contrario  tiene que trasladarte a una estación de policía y registrarte allí. Una  ley que se viola en Cuba a diario,  preguntémosle a los  cientos  de vendedores callejeros,  detenidos, registrados y decomisados en  la   vía pública.

Aprendimos también,  que en la estación de policía no se puede  permanecer  detenido sin una orden de arresto. Y  solo por  veinticuatro horas. Pasado ese tiempo deben colocarte un  instructor, que tiene  tres días para presentar   al fiscal  un expediente con las investigaciones concluidas. El fiscal tiene tres días  más para expedir  un  dictamen, de multa, prisión provisional o   libertad  inmediata. Muchos de los asistentes al curso, nos  quejamos  de pasar  días enteros en   un  calabozo,   sin  que se cumpliera para nada  esta ley.

Recordé las reuniones de  Agenda para la Transición, en Jaimanitas. Y   cómo  me detenían al salir de mi casa por la mañana para que no  pudiera cubrir  la noticia. Me  encerraban  en un  calabozo de la 5ta estación,  conocido popularmente como “El depósito”,  junto con otros opositores  impedidos de asistir  también a la reunión.  Y sin  que mediaran  palabras,  nos dejaban entre decenas de  presos comunes  hasta bien entrada la tarde. Luego  el carpeta nos llamaba  de uno en uno, nos entregaba  el carné de identidad  y nos dejaban  ir.

Recordé también  la  vez que me encontraba en una esquina de La Habana Vieja,    conversando con  mis amigos  “El mapa” y  “Pulú”, cuando vi acercarse por la acera  un muchacho vestido de escuela,   seguido por  una fila de detenidos.  En la mano traía un bulto de carneses  de identidad y  nos pidió los nuestros,  nos dijo que nos  incorporáramos   a la fila.

Yo  quedé  estupefacto,   viendo como   los hombres  seguían dócilmente  la fila   rumbo a la  unidad de  Dragones, pero  cuando  fui  a protestar,   “El mapa”  me dijo:

–¡Ni  abras la boca…!  Es un policía disfrazado de escolar…   ¡y  es malísimo!  Ahora nos van a encerrar y hacernos  un registro…  luego nos sueltan por una “cabilla…”

Sin entender nada  seguí   la fila,   hasta  un inmenso patio   dentro de la estación. Un capitán nos ordenó  pararnos  de frente a la  pared y que  vaciáramos los bolsillos. Pasó requisa. No encontró droga, ni armas, ni nada que inculpara a los  hombres   virados contra la pared,  que no decían ni pío.

Luego se marchó y nos  sentamos   sobre las piedras del patio, o en el piso,  sin  poder hacer nada, sin orden de arresto,  sin haber cometido algún delito y sin saber cómo  reclamar  nuestros derechos…  ni a quien…

Al  poco rato vi que los hombres comenzaron a marcharse,  de uno en   uno.    Antes de irse “Pulú”   me pasó  la seña:  El  pasaje hasta  la calle costaba  una “cabilla”  (1 cuc).  Como   eran  del  barrio  conocían  sus  policías, en cambio  yo,    que  considero al soborno  uno de nuestros peores delitos,  no iba a contribuirles.

Quedé solo en el patio, con tres pobres diablos más  que no tenían  “la cabilla”.  Nuestro pasaporte  a la libertad  aquella tarde  fue,   cargar un pesado tanque de hierro  entre los cuatro y colocarlo sobre un  burro de madera, en la cocina.

Después nos entregaron los  carneses. Ni siquiera  las gracias por subirle el tanque al burro.

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Violencia en los barrios

Pro Frank Correa

Andy, de veinte años y  vecino de calle 228 entre Tercera  A  y  226, en Jaimanitas,  estuvo  “cazando”    por todo el pueblo con un cuchillo a  su suegro Cachimba,  de cincuenta y cinco, hasta que logró por fin  en horas de la tarde  agarrarlo desprevenido,    lo acorraló frente al edifico de Tercera  C, donde vive La mora,  concubina de Cachimba,  y  le propinó una puñalada en la espalda.

Cachimba  está cumpliendo   actualmente una condena de diez años por lesiones con arma blanca, precisamente  por  apuñalear  a Andy  hace dos años  y  por poco  el joven pierde la vida.

Luego de un año y medio encerrado en la prisión  Combinado del Este, Cachimba  fue trasladado   para  el   asentamiento militar en las afueras de Las Habana, donde  se encuentra confinado el escritor Ángel Santiesteban, y mientras  disfrutaba de un pase de fin de semana,  su yerno  Andy se  desquitó la puñalada.

Cuentan los testigos  del hecho, que vivieron una   escena  de terror, a la luz pública, incluso delante de niños,  cuando se efectuó el ataque. Por  suerte   para los dos, el cuchillo  no afectó ningún órgano vital y  Cachimba  se prepara para el   retornó  al asentamiento militar,   mientras que Andy  espera   en una celda de la 5ta estación   las   instrucciones  de cargos.

La  abuela  de Andy,  que lo crió,  está devastada.   Dice que  el muchacho   le ha dado  muchos problemas, primero cuando dejó la escuela en 8vo,  después la puñalada que recibió de Cachimba,  “inocentemente, pues fue producto de  una borrachera del suegro. Y   ahora este desquite,   con  la  posible prisión que le espera”.

“Soy el  único sostén de Andy”,  agrega  la anciana con llanto en los ojos,  “sobrevivimos  con el dinerito que me gano planchando  para la calle,  que    ni me alcanza   para  los mandados”.

Esta historia de violencia en Jaimanitas no es un caso aislado.  La prensa oficial no los informa y es imposible calcular alguna cifra exacta de hechos de sangre, que  en los últimos tiempos  se han incrementado, fundamentalmente con armas blancas,   en muchos  barrios de La Habana,  y de otras partes de la isla.

La frustración existencial,   una economía  de  caminos sin salidas y las disfuncionalidad de las familias,  son los móviles más  comunes  en  estos  delitos, asociados casi siempre al  elevado  consumo de alcohol,  la prostitución  y  el proxenetismo, que vuelven a las discotecas y a otros centros recreativos  en peligrosos locales,  y  también   las calles,  como esta historia de las puñaladas escenificadas por Cachimba  y  su yerno Andy.

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Las madres se quejan

Por Frank Correa

Frank Correa

Los   Círculos Infantiles, junto a la disminución de la  mortalidad infantil   y    la creación de escuelas y hospitales,   fue  anunciado siempre como  los grandes logros del gobierno revolucionario.

Pero  esta visión se ha visto empañada en los últimos tiempos, por  numerosas  quejas de  madres de  niños pequeños,   que deben   pagar 15 cuc, a personas que se dedican a cuidar infantes  en  casas particulares, pues después  de  llenar  las planillas  de solicitud para el Círculo,  les han respondidos que no pueden aceptarlos en la institución por la   falta de auxiliares.

María Drullet, madre de Aaron, de 2 años,  y economista de  en una empresa estatal,  cuenta que dejó  el trabajo para dedicarse  a limpiar en un cafetería   particular, por 30 cuc al mes,   para poder sacar los 15 cuc que le pide la señora que lo cuida. También Sulay, Yanet,  Niurka y Daimarelys, pagan la misma cantidad para que  cuiden  a sus hijos,  desde las  7 am hasta las 5 de la tarde, hora en que  regresan de sus centros laborales.

“Las instalaciones del círculo están sub utilizadas”, dice   Ariadna,  de 25 años y  trabajadora de un servicentro del municipio Playa, madre de la pequeña  Isachi,  “y están trabajando   con la mitad de los niños que pueden atender.  Hay una lista de espera larguísima, pero dicen que   no pueden aceptar más  niños,  porque  faltan  auxiliares”, “Los 15 cuc  tenemos que inventarlos, pues con el salario del estado no alcanza para pagar esa suma”.

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Periodismo ciudadano, el quinto poder

Frank Correa

Con el trepidante desarrollo tecnológico de la era digital, las redes sociales,  los nuevos medios de información y  los blogueros,   el mundo está cambiando a pasos de gigantes.

Se modifica hasta la prensa en papel,  la industria musical y  la cinematográfica,  incluso  la manera de informar y  de informarnos.

Pasada la primera década del siglo veintiuno,  en el periodismo ha quedado establecido un principio que jamás antes se había revelado, la participación de los usuarios  de Internet como generadores de información, convertidos ahora en creadores de sus propios medios.

La antigua audiencia que se limitaba a leer periódicos y  escuchar  noticiarios, ha tomado un protagonismo determinante,  tanto de manera global o en ámbitos locales, con el uso de las herramientas  a su alcance. Es el periodismo ciudadano,  que se ha convertido en el quinto poder, muy cercano al cuarto,  que parecía ser el techo de la escala, pero al que le ha crecido un nicho en la azotea.

Millones de personas en todo el mundo haciendo uso diario de la tecnología de la Internet, de los blogs, el feacebook, el twiter,  la emisión de videos  desde teléfonos inteligentes, la inmediatez de la noticia desde  cualquier punto del planeta,  en muchos casos no precisamente emitidas  por un profesional de una agencia de noticias,   sin compromisos editoriales,   ni  estereotipos de estilos, son quienes van marcando el paso.

No solo están cambiando los fundamentos del periodismo a nivel mundial, también están redefiniendo la concepción ciudadana del individuo, por su participación activa en la política y  en la opinión pública.

El romántico esplendor que acompañaba al oficio de reportero, con su estilo predeterminado por la escuela a la que respondía y los intereses de una agencia que lo acreditaba, ha pasado a un segundo plano, cuando casi el 50 por ciento de los titulares,  fotografías o  video de primicias,  son productos de la colaboración  de una persona  desconocida, que por casualidad estaba presente en el lugar de los hechos, donde era imposible que estuvieran algún reportero profesional en ese momento.

El naciente periodismo ciudadano es sin dudas un gran reto para el periodismo tradicional. La competencia por la veracidad, la inmediatez y el  uso y  dominio de la tecnología digital, serán  terrenos de  lidia  entre el cuarto poder, encargado de vigilar los tres históricos poderes creados por el hombre a través de los tiempos,  –legislativo, ejecutivo y jurídico –,  y  ahora este quinto, que ha surgido  sabiamente para vigilarlo, como un necesario complemento de  redefinición del  contexto en  el mundo en que vivimos.

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Delirio de venus

Frank Correa

La  historia de Venus Bustamante,   hacinada con su familia  en una casucha de la calle  234 entre Tercera y Tercera A, en Jaimanitas,  vaga entre  la   fantasía  que ella  llama  “Misión de Vida”, para que se reconozcan sus derechos de madre soltera de  dos sobrinos nietos del extinto presidente Hugo Chávez, que hoy viven sumidos en la  más absoluta pobreza.

Entrar al cubil donde vive esta joven de 29 años, con sus cuatros hijos, su padre y su hermano enfermos mentales, es como entrar al más oscuro  círculo del infierno. Desolación,  carencia de lo más mínimo para vivir, piso de tierra, falta de higiene, de alimentos, ella duerme con los cuatros pequeños sobre  una colchoneta de poliespuma sucia y raída. Su hermano y su  padre   duermen en el piso.

La cocina es una pila de leña en un rincón y   el baño una taza rota y  un cubo de agua donde casi siempre falta el jabón.  Hay un solo  bombillo, abundan las moscas y por la noche, si ventilador, debe ser infernal el castigos de los mosquitos.

Tanta miseria parece no ser real, pero ahí está  ella para dar testimonio,  sus cuatros hijos, su hermano y su padre,  en un cuarto destartalado levantado a retazos en el trasfondo de la CADECA.

Cuenta que a los   diecinueve  años, conoció a un joven venezolano que estudiaba en la Escuela Internacional de Medicina,  del que se enamoró y mantuvieron durante una relación los seis años de estudios  en Cuba,   del que nacieron  Andrea Melis Pérez Bustamante  y Yusisleidys Nerys  Pérez Bustamante.

Venus dice que  el  estudiante de medicina   es  Romel Enríquez Pérez Chávez,  hijo de Carmen Cecilia Chávez, hermana del difunto presidente. Según cuenta Venus, al  graduarse  en el 2008  Romel regresó a su país y nunca más  supo de él.  Aunque sufrió,  intento rehacer su vida,  pero tampoco los hombres que pasaron  después resultaron buenos esposos,   tuvo dos hijos más: Maicol Fabio Bustamante Martínez y  Bernarda Ester Barrios Bustamante, también abandonados a su suerte por sus padres.

“Mi  caso es de  conocimiento de la embajada”  dice Venus,  mientras carga a unos de los niños que ha comenzado a llorar, “reconocen  a las dos niñas  como sobrinas nietas de Chávez, pero llevo ya un buen  tiempo en esto y  hay mucha burocracia. Solicité  una entrevista mediante la secretaria Lourdes González con  el embajador Ronald  Blanco La Cruz y en cuatro años me  la concedió en fecha en que ya no se encontraba en  Cuba. Estamos viviendo con lo que dan en la libreta y de la  caridad pública. Y esta casucha en cualquier momento se cae, con todos nosotros dentro”.

“Un abogado de Extranjería me  instruyó, que mi  caso debía  considerarse como reunificación  familiar y serme   restituida la suma de 81 000 dólares por concepto de manutención  de las  dos niñas.  Solicité  una entrevista al nuevo embajador,  Edgardo Rodríguez,  me contestó por escrito que debía comenzar los trámites de solicitud nuevamente”.

“Con fecha 16  de julio y  con número de salida 169 y como un acto desesperado,   le escribí  esta carta a  Nicolás Maduro”, me muestra la carta, “le digo que reconozco  el duro golpe que la intempestiva desaparición física de Hugo Chávez  nos ha  sumido a todos  en un  profundo decaimiento,  que ha  hecho olvidar  otros asuntos  menores, pero necesitamos  ayuda,  urgentemente,  recurro  a Venezuela, patria del padre de mis  dos niñas,  porque Cuba atraviesa una situación muy difícil y aunque   algunos funcionarios cubano  lo han intentado,  no han  podido sacarnos  de esta extrema pobreza en  que vivimos”.

Indagué en el vecindario y con la familia, sobre la veracidad  del testimonio de la muchacha. Pertenece a la familia de Los Bustamante, una de las fundadoras del pueblo. Además de  numerosa es conocida por ser precursores del buceo en el limpio, la construcción botes de corchos y el negocio de la calandraca como carnada de pesca.

La familia  corroboró  que era cierta la relación de seis años con un venezolano, estudiante de la escuela Latinoamericana de medicina y tuvieron dos niñas, pero jamás alardeó de ser sobrino de Chávez. “Al contrario”, dijo una tía, “siempre tenía hambre y teníamos que servirle. Y siempre andaba con las mismas botas”.

Una prima aseguró que “Venus, como su padre Jesús, y como muchos de los miembros de la familia estaban locos, y la locura de Venus fue  los yumas, pensaba que pariéndole a uno iba a salir de la miseria y lo que hizo fue  enredarse más. Después de aquel médico venezolano le parió a un nicaragüense y  después a un boliviano, pero todos la dejaron abandonada con sus hijos. Venus siempre ha sido Chavista. Sí, sabemos de la carta  a Nicolás Maduro y ojala le contesten.  Ojala que aquel venezolano resulte  familia de alguien grande y que lo localicen  y   la ayude con  sus hijas. Con los otros padres también deberían  hacer lo mismo”.

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Cooperante asombrada

Frank Correa

Recientemente regresó de cumplir una misión internacionalista en la República Popular de Angola, la funcionaria Mireya Cardoso,  seudónimo de  una vieja amiga que  me cuenta la historia  de su asombro.

Tiene cincuenta años y treinta y dos lo ha entregado a la revolución. Ella si que interiorizó el hombre nuevo, la conozco bien.  A  la edad de veintitrés años  ostentaba la doble militancia, de la juventud y el partido. Era seria, profunda, como la quería el Ché, entregada a su trabajo y al partido por encima de la familia y  de cualquier otra cosa en el mundo.

Transitó de inspectora de calidad de una empresa municipal en Guantánamo hasta la Dirección de la  Cadena del  Pan, en La Habana. Era recta en las inspecciones y los administradores le temían, porque a través de los  años había aprendido a descubrir donde estaba el problema, por muy escondido que lo tuvieran.  Los obreros también le temían,  porque siempre hallaba las violaciones y  a veces hasta los delitos,  en el cumplimiento de las cartas tecnológicas  en  el proceso productivo.

Le temía también el chofer, porque según él “parecía un general”. Y  hasta el Consejo de Dirección de la Cadena le temía,  además de ser una excelente profesional, era la secretaria del núcleo del partido, con una fuerza moral tremenda y un nivel de exigencia en el más alto grado.

Fue seleccionada para asesorar al Ministro de la Alimentación para  el área del pan  para implantar las cartas tecnológicas cubanas. Brindar la experiencia acumulada por sus mejores cuadros, en un convenio Cuba- Angola, firmado  unos  años.

Mireya relevó  a un viejo técnico,  que le dijo al entregarle el cargo: “gracias que llegaste,  me estaba volviendo loco”.  Durante tres años Mireya organizó el trabajo en siete provincias de Angola y en la capital,  Luanda. Dice que los angolanos son muy trabajadores, pero burros, diez veces había que enseñarles  las cosas y después, cuando se necesitaba cambiar  por cualquier motivo, no había Dios que les  enseñara nuevamente.

Dice que en Angola hay de todo. Pero no hay dinero.  Estaba bajo  un contrato de la firma cubana  ANTEX. SA, con un empleador  que pagaba seis mil por su trabajo y solo recibía seiscientos, de los que percibía  doscientos, porque una parte iba al fondo del contrato, otra a “Cuba sí”,  destinado a los damnificados del huracán Sandy,  y cuarenta de comida. Dice que no comía para ahorrar ese dinero y traerlo a Cuba. Durante su misión le habían nacido dos nietas, que no conocía y estaba loca por verla y llevarle regalos buenos.

Dice Mireya que en Angola se vive el capitalismo. Los generales son los millonarios y son los  que llevan los negocios, aunque  hay otros funcionarios que son los que dan  la cara. Al finalizar la misión  los cooperantes tienen  derecho a llevarse lo que en tres años se han  agenciado para vivir, se le llama  “minaje de la casa”, efectos eléctricos y  muebles y además el derecho a comprar un auto, según estipulaba en el contrato con ANTEX.

Pero cuando Mireya llegó al aeropuerto José Martí,  se encontró con un capitalismo peor que el angolano. Los oficiales de Aduana  le exigieron seriamente que para entrar el “minaje de la casa”  a Cuba, debía pagarlo como si lo hubiera comprado allá, una enormidad de dinero que dejó a Mireya atónita.  Le  dijo que ella ya le había pagado a ANTEX  el “minaje”, pero los oficiales de la Aduana dijeron que aquel era otro pago y este uno diferente,  y Mireya, loca por llegar a su casa al fin y conocer sus nietas pagó y se fue.

Ya en casa, con sus nietas en brazos, dice que los asombros no acaban.   Ahora no tiene derecho a reincorporarse al puesto de trabajo, (la ley lo estipula solo hasta dos años y un día) y tiene que empezar de cero, como hace treinta y dos años atrás. Y Cuando fue con  la carta a comprar el auto le dijeron que había un atraso de dos años con los otros cooperantes. Debía depositar los cinco mil en el banco para la “compra del auto”, cuando le llegara su turno, si lo tocaba perdía el “derecho al auto”.

Ahora Mireya, sin trabajo, sin dinero y sin auto, dice que lo escriba, no le importa que lo sepa todo el mundo, que tres años en Angola no son fáciles.

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