Buzos del limpio

Frank Correa

 

Los Bocañanga son la familia de buzos más numerosa de Jaimanitas, la componen 37 personas y abriga una representación tangible de la sociedad cubana.

Pescadores, buzos, artistas, jineteras, policías, borrachos, locos, delincuentes, militantes del partido, economistas, recogedores de basura y vagos habituales, conviven en una vieja casona de madera que han dividido por tabiques y remodelado con los más variados materiales constructivos.

Están los abuelos paternos, los viejos Bocañanga, que iniciaron el “buceo en el limpio”, que consiste en la extracción de joyas de oro y plata y dinero que por descuido pierden los bañistas.

Van por las playas de La Habana con sus caretas, patas de ranas, snorker, y guanteretas de madera abanicando el fondo, haciendo subir a la superficie lo sólido con la revoltura.

Por la cartilla de racionamiento les corresponde un solo balón de gas y han dispuesto en el patio cocinas rústicas, con piedras y pedazos de zinc, que sirven de hornillas cuando la premura del hambre es incontenible.

Otras familias del pueblo también se dedican al “buceo en el limpio” y encuentran, tras mucho esfuerzo y suerte: cadenas, relojes, anillos, manillas, sortijas o dijes. Conocen el precio del oro y la plata, y sus fluctuaciones, “aunque el oro nunca baja, al contrario, sube”, dice Joaquinito Bocañanga, mientras se coloca sus aditamentos y entra al agua por la playa La conchita.

Se cuenta en el pueblo como récord, una cadena de oro dieciocho quilates con una medalla de la Santa Bárbara, que dio ochenta gramos en la pesa de Joaquinito, sacada por Alberto Bocañanga en una zona inhóspita del litoral habanero, entre Guanabo y la fortaleza El Morro, donde nadie esperaba que apareciera una prenda, pues es en las playas donde ocurren con más frecuencia los hallazgos.

También existe en Jaimanitas una vieja leyenda, de un cofre de oro de un naufragio, que un ciclón arrastró hasta la costa. La mayor quimera de cada “buzo del limpio” es encontrarlo, para salir al fin de la penuria.

Nico Blanco no es propiamente un Bocañanga, pero también es buzo y tiene el mérito de haber introducido el snorker y la segunda pata de rana. “Para dar impulso a la guantereta y abanicar mejor el fondo. Antes se pateaba con una sola pierna y no se utilizaba snorker, quizás una tradición primitiva. Buzo del limpio es una creación de

Jaimanitas. No sé si en algún otro pueblo lo practiquen, pero aquí constituye un oficio de familia”.

“Un jaimanitense, del estrato que sea, cuando se halla en un trance económico, toma las patas de rana, la careta, el snorker, la guantereta, y se sumerge a buscar los que otros han perdido”, dice Nico y se tira al agua.

La dura crisis económica y social que azota a Cuba, llamada por el gobierno “Periodo Especial”, es la causa que obliga a muchos cubanos a aventurarse en la búsqueda del sobrevivir, de las formas más increíbles.

A Luisón Fuentes lo conoce el pueblo como “el buzo de la mayor suerte del mundo”, cuando halló en el agua dos pacas, una repleta de dólares americanos y la otra con cocaína. También lo llaman: “el de la suerte peor”, la policía los arrestó al llegar a su vivienda con los bultos aún sin abrir, avisados por las brigadas “Mirando al mar”, vecinos voluntarios encargados de custodiar la orilla.

“Tuve que jalar diez años sin beberla ni aspirarla”, dice Luisón. “En la cárcel supe, por narcotraficantes colombianos recluidos conmigo, a cuanto estaba el kilo de coca, pero jamás nadie me supo decir, a cómo el de billetes de a cien”.

Rascacio, joven buzo de la familia “Los Pejediente”, lleva cien días sin encontrar nada. Sueña que en el fondo del mar anda una cadena de oro dieciocho, gorda y pesada, dando tumbos, y su vida depende en hallarla.

“Con una prenda grande tiro la placa y construyo arriba. Y si encuentro el tesoro ¿te imaginas?, me compro una antena parabólica y un Audi”, se coloca la careta y comienza a abanicar el fondo, ilusionado.

No están asociados en un gremio, ni se conoce la cifra exacta de “buzos del limpio” de Jaimanitas, pero si te detienes un momento en la orilla, temprano en la mañana, los verás aparecer por las calles del pueblo, descalzos, esquilmados, pero llenos de aliento, camino a abanicar el fondo del mar por horas, tras una joya, o algo que los saque de apuro y alivie las tristes existencias que transitan.

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