Derechos humanos en matutinos escolares

Frank Correa

Una palabra satanizada durante décadas en Cuba como “Derechos humanos” parece ya poder mencionarse abiertamente, incluso en los matutinos escolares, porque entre las efemérides que celebran a diario profesores y alumnos sobre mártires y sucesos de la historia patria y mundial,este 10 de diciembre será remarcada entre los hechos a destacar.

En el matutino de la escuela “Manolito Aguiar” situada en Quinta avenida y 234, Jaimanitas, una maestra habló de la proximidad este 10 de diciembre del “Día Mundial de los Derechos Humanos”. La palabra sonó como un acorde sobre el murmullo de infantes alineados en la cancha de básquet donde desarrollan diariamente los matutinos, por la rareza que encerró durante décadas el solo hecho de mencionarla, asociada siempre a delitos contra la Seguridad del Estado y el acompañamiento de condenas de cárcel a los que se aventuraban a enarbolarla, práctica que produjo un efecto de esquiva en la ciudadanía, que casi la suprimió del vocabulario popular.

Poseer un ejemplar de la declaración de los Derechos Humanos adoptada en la ONU en el año 46, luego de terminada la Segunda guerra Mundial, aprobada por casi todos los países incluyendo a Cuba, para detener el genocidio social y cultural de los gobiernos tiranos y elevar al rango de personas a todos los habitantes del mundo, llegó a ser una de las más firmes evidencias para que un individuo fuera detenido, conducido, procesado, encarcelado y encasillado como disidente.

En 1976 se menciona por primera vez como medio de lucha pacífica en la voz de Ricardo Bofill, que funda un Comité Pro Derechos Humanos junto a un incipiente grupo de cubanos, intentando organizar lo que en otros países era un derecho ciudadano. Y es precisamente por ejercer sus derechos de asociación, de libertad de expresión y libertad de pensamiento, que son encarcelados los que integraban aquel embrión que luego se convertiría en movimiento.

Este medio de lucha fue creciendo de manera pacífica y estoica, sin recursos, sin medios de trabajo, pero mucho ánimo y constancia, para dar a conocer a los cubanos el contenido de la carta magna aprobada en Ginebra luego de la victoria sobre el fascismo. Se sumaron nuevos activistas y se amplió el espectro de las denuncias a violaciones a los derechos humanos tanto en la calle como en las prisiones y de los atropellos contra los que disentían de pensamiento con el gobierno comunista.

Ahí está la historia escrita por el movimiento fundado por Bofill en el ya lejano 1976 y sus conquistas en muchas esferas de la vida social y política del país. Y ahí está la maestra captada por el lente mientras explica a los niños la importancia de conocer los derechos humanos conquistados en Cuba, aunque solo se limite a mencionar: “el derecho a la salud, a la educación, a la cultura y al deporte”, y le falte mencionar otros artículos vitales de la declaración que aún siguen ausentes del vocabulario.

Con el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el desmontaje paulatino “sin prisa pero sin pausa” del modelo de planificación socialista pro soviético y la necesidad urgente del rescate de valores y tradiciones perdidas en la sociedad cubana, mencionar la palabra ”Derechos Humanos” parece no constituir ya un delito craso que conlleva a una mazmorra. Y en el futuro deberá constituir una plataforma de concertación de pensamiento y tolerancia, único camino para que Cuba enrumbe hacia nuevos derroteros y consiga un día llegar a ser un lugar donde todos seamos iguales.

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