Mícara 1984

Frank Correa

En 1984 vivía  su momento de esplendor el polígono de preparación especial Mícara,  por donde pasaban las unidades regulares y de reserva, enclavado en una zona inhóspita de la geografía oriental, dispuesto con todo tipo de obstáculos para instruir a las tropas durante un mes, con la culminación a los treinta días de la elección de la mejor escuadra del curso.

Me tocó pasar por allí como jefe de una escuadra de exploración, cuando era oficial de tiro en la escuela de camilitos de Guantánamo y debo reconocer que aprendimos.

La primera semana se repasó el arme y desarme del fusil y recibimos clases políticas. Un oficial de la jefatura nos ilustró en un atlas cómo andaba el mundo: ¨patas arriba¨, con un puntero señaló las zonas en conflicto, África, medio oriente, Centroamérica. Todo lo contrario a Cuba y los países socialista, consolidados en el CAME, con sus pueblos educados, saludables, productivos.

En la segunda semana entramos en acción: Pasar senderos incendiados, trepar sogas, deslizarse por una rondana a toda velocidad sobre una presa con troncos y empalizadas.

Mi escuadra iba delante, líder cruzando alambradas, sorteando el fuego y en los tres tipos de emboscadas: hostigar, contención y aniquilamiento. En la semana tres dimos un ¨golpe de mano¨  con el asesoramiento de un oficial de la jefatura. Sorprendimos a otra escuadra mientras comía su ración fría: codito y carne rusa, una lata para diez. Nos felicitaron en la jefatura.

Por la noche dormíamos en hamacas bajo la luna, picados por bichos, sobrecogidos por la muerte de un soldado de Santiago, caído de la rondana mientras cruzaba la presa. Su mochila, la ropa y el casco fueron mucho peso y la presa lo tragó. Demoraron en encontrar un bote para acercarse al sitio y pasaron minutos eternos, horas, hasta que llegaron los buzos.

El curso siguió adelante con la consigna del polígono: ¨una maniobra sin muertos no es buena maniobra¨. La semana última fue la peor: ¨ejercicio de supervivencia¨.  Suspendida la ración fría. Cazar y pescar, único recurso. Tres escuadras finalistas debíamos emboscarnos y aniquilarnos para seleccionar  la ganadora.

Oficiales de la jefatura organizaron el orden de marcha, por rutas distintas convergiendo al final en un punto con accidentes geográficos. Durante dos días transitamos por senderos polvorientos donde no hallamos ni un toti. Ni siquiera un sijú platanero. Casi al atardecer del segundo día, sumamente desfallecidos y muertos de hambre, divisamos un puerco y el oficial de la jefatura lo cercenó con una ráfaga. Hubo algarabía en la tropa y lo descueramos en menos de lo que cantó un gallo con las bayonetas. Preparamos una fogata para asarlo.

Cuando la carne comenzaba a dorar un vigía colocado en un alto dio la alarma: ¨una escuadra se acercaba por el sur¨. Recogimos el campamento, escapamos a favor de la brisa, acertamos a cuatro kilómetros un agujero en una piedra, construimos ¨la cocina vietnamita¨, enmascararse bajo tierra y con cañas bravas sacar una chimenea con el humo hacia otra parte y continuamos el asado, pero el truco que fue descubierto, aunque  ganamos el combate. La escuadra perdedora regresó al campamento, pero le avisó de nuestra posición a  la escuadra ¨tres¨, también finalista, que cayó sobre nosotros como una tromba al conocer que teníamos comida.

Nos retiramos con el puerco medio asado a cuesta y logramos evadir al ¨enemigo¨ colocando ¨huellas falsas¨. Alejados otra vez  de los caminos encendimos otra fogata, a medianoche, pero comenzó a llover y el fuego se apagó. El hambre era tal que nos comimos la carne cruda.

Dormimos unas horas hasta que nos despertó el soldado de guardia, avisando que la  escuadra ¨dos¨ venía sobre nosotros, mejor dicho sobre la carne de puerco, llevaban sin comer casi 48 horas, más que vencernos querían participar del festín.

Les dejamos la carne sobre una piedra y mientras la devoraban caímos sobre ellos y los aniquilamos con balas de salva. Finalmente nuestra escuadra resultó ganadora en el polígono especial aquel 1984, cuando el socialismo era un ¨baluarte inexpugnable¨ y Mícara preparaba a los ¨hombres nuevos¨ para el futuro de la patria.

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